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Insuficiencia venosa periférica, patología que tiene mucho qué ver con estilos de vida

La insuficiencia venosa periférica, conocida como várices, es una condición patológica del sistema venoso que se caracteriza por la incapacidad funcional adecuada al retorno venoso, debido a la anormalidades de la pared venosa y valvular que lleva una obstrucción o flujo sanguíneo de las venas.

En general, esta afectación es más frecuentes en mujeres a partir de entre los 35 y 40 años de edad y su incidencia aumenta con el sobrepeso, la obesidad, los embarazos y con la edad (a partir de los 50 años, la mitad de la población la padece).

No obstante, cada vez afecta a pacientes más jóvenes debido a que esta patología tiene mucho que ver con el estilo de vida.

Las venas comienzan a debilitarse

Las venas y arterias son las encargadas de transportar la sangre desde el corazón a todo el cuerpo, en dos direcciones: desde el órgano a las diferentes partes del organismo –arterias-, y a la inversa –venas-.

Las paredes de las venas tienen unas válvulas diminutas que se abren y se cierran, y sirven para ayudar a controlar la presión y el flujo de la sangre, facilitando su adecuado retorno al corazón.

Con el paso de los años, el revestimiento elástico de las venas empieza a debilitarse, incrementando así la posibilidad de que las venas se dilaten. Así mismo, el factor genético influye en la aparición de insuficiencia venosa de manera directa.

¿Cómo afecta el embarazo?

En el embarazo, las hormonas propias de este estado provocan la dilatación de las venas. Se trata de un proceso necesario que contribuye a que llegue más sangre al útero con los nutrientes y el oxígeno para que el feto pueda crecer, pero también pueden facilitar el desarrollo de insuficiencia venosa.

El peso corporal excesivo incrementa la presión en las venas de las piernas y agrava su estado, lo que deriva en un mayor riesgo de aparición de insuficiencia venosa y complicaciones asociadas.

Otros factores de riesgo para tener várices

El sedentarismo o la inactividad influyen directamente en la aparición de várices, ya que el estar de pie de manera prolongada, incrementa la presión en las venas.

En las actividades laborales, quienes pasan muchas horas seguidas de pie o sentados, o quienes hacen muchos viajes largos en periodos cortos, las posturas adoptadas con las piernas y la inmovilidad dificultan la correcta circulación sanguínea.

Síntomas de la Insuficiencia Venosa Periférica

  • Dolor
  • Hormigueo
  • Pesadez
  • Cansancio habitual en las piernas, que se agudizan al estar en reposo y con el calor, y disminuyen al levantar las piernas y con el frío.
  • Hinchazón de la parte inferior de las piernas y los tobillos, especialmente después de períodos prolongados de pie.
  • Calambres nocturnos que pueden dificultar la conciliación del sueño y el descanso.

Insuficiencia venosa periférica, patología que tiene mucho qué ver con estilos de vida

Otros síntomas menos comunes son:

  • Sensación de calor, enrojecimiento, sequedad y picor constante en la piel, debido a que el exceso de sangre retenida provoca un aumento de la temperatura, por lo que la piel se deshidrata.
  • Aparición de arañas vasculares o telangiectasias.
  • Várices reticulares que son dilataciones de las venas de pequeño tamaño que aparecen en una zona de la piel más profunda que las telangiectasias.

Las várices o venas varicosas constituyen el signo clínico más prevalente. Son dilataciones y alargamientos de las venas superficiales, que se producen cuando la insuficiencia venosa se prolonga en el tiempo. Los signos dérmicos aparecen como alteraciones cutáneas de la piel, producidas por la mala circulación: dermatitis, eccemas, hiperpigmentaciones, etc.

Diagnóstico de la Insuficiencia Venosa Periférica

El primer paso para el diagnóstico de insuficiencia venosa es la exploración física de ambas piernas, mediante la observación y la palpación por parte de un médico; así como un interrogatorio que consiste en la recopilación de información proporcionada por el propio paciente.

Tratamiento

El tratamiento puede consistir en terapia compresiva. Su función es ejercer presión sobre las piernas para facilitar el buen funcionamiento del sistema de retorno venoso y, por lo tanto, que la sangre ascienda correctamente. Ejercen una presión decreciente desde el tobillo hasta la cintura (panty), rodilla (medias cortas), o ingle (media larga), y se clasifican en medias de compresión ligera, normal y fuerte.

Asimismo, dentro de los tratamientos farmacológicos, existen sustancias que reducen la fragilidad capilar y cuya intención es mejorar los síntomas. Pueden ser administrados de forma tópica, como geles y cremas, o bien de forma oral, como cápsulas y comprimidos. Sin embargo, es importante recordar que para recibir este tipo de tratamientos es importante acudir al médico.

El tratamiento mediante cirugía puede ser necesario en ciertos casos.

Incrementó 21% el número de pacientes con Insuficiencia Venosa Periférica

De acuerdo con el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica el número de casos nuevos en el país de insuficiencia venosa periférica en 2016, fue de 183 mil 407, y en 2017 se registraron 222 mil 326, es decir, incrementó un 21 por ciento.

Las mujeres y hombre con frecuencia desconocen los síntomas de enfermedad venosa, de ahí la importancia de difundir medidas preventivas e información sobre cómo reconocer los síntomas para un diagnóstico y tratamiento oportunos.

Para prevenir la insuficiencia venosa periférica, es necesario adoptar hábitos de vida saludables como, dieta balanceada y actividad física. También existe una serie de ejercicios específicos de “higiene venosa” que favorecen la circulación de las piernas.

Fuente: Secretaría de Salud Querétaro

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